viernes, 29 de octubre de 2010

Paseando entre los extremos del amor y el odio

Siempre he sido partidario de huir de los excesos emocionales como el amor y el odio, a la larga son nocivos para uno mismo y de rebote hacía quienes nos rodean. Con demasiada facilidad se pasa de un extremo al otro cuando una de sus bases se quiebra. Ambas cimas representan el camino hacia la vida o la muerte: el amor me ha parecido una celebración de la vida; el odio un deseo de muerte hacia una persona o en el peor de los casos hacia uno mismo.

Nunca me ha atraído especialmente ninguna de las dos realidades amor-vida, odio-muerte, al menos de manera consciente, pensar en alguna de las dos posibilidades me ha privado de disfrutar como es debido. Prefiero estar entre medio, me ha gustado ir subiendo o bajando unas plantas y conocer a los nuevos inquilinos, pero prefiero estar en mi casa tranquilo, salir al balcón y contemplar la vista. Eso si, en algunas ocasiones, cuando estoy sólo, subo al tejado, me estiro en el suelo y me acerco al borde y me maravillo por esa sensación de vértigo bajo control, por las frescura de las alturas, otras veces prefiero bajar hasta las calles, hacer un paseo, oler la esencia de la ciudad, intuir la oleada nauseabunda de las cloacas y pasear por la inmundicia de la violencia y los instintos más básicos... pero insisto, prefiero estar en medio de todo, en equilibrio, contemplar desde mi balcón como suceden las guerras por el amor o el odio, prefiero reírme de los iluminados que suben arriba del todo, hacen equilibrismo y acaban cayendo, prefiero reírme de los que viven a ras de suelo, siempre sucios, quejándose por todo, matándose por peleas sin sentido, presumiendo de esa malentendida humanidad.

Cuando se trabaja en las alturas hay que tener muy clara la integridad de las presas e ir asegurado con un buen mosquetón y una cuerda lo suficiente elástica, cuando se trabaja a ras del suelo no hay que bajar nunca la guardia, hay que saber pelear o aparentarlo o como mínimo saber correr. Lo cierto es que la escalada no es lo mío y no se me dan muy bien las peleas, pero se muy bien como defenderme, me conozco un par de trucos efectistas.

Ambas fotografías son de un mirador de Montserrat, de lo que hace tiempo fue un restaurante y ahora está abandonado. Aprovecho para decir, que posiblemente los sorprendentes picos que hay en esa zona, son uno de los lugares turísticos más bellos y impresionantes de toda Catalunya.

5 comentarios:

Manel dijo...

No sé si viene a cuento pero...

"La mejor manera de disfrtar de la escalada es concentrarse en ella; o sea, no mirar al precipicio y si a la pared que nos espera."

"Lo más importante de la escalada no es llegar a la cima, sino volver sano y salvo a tierra."

"Las mejores vistas no siempre están en la cima"

"Cuando te ates los cordones de los pies de gato en la base de la pared, concéntrate en dicha tarea y no te distraigas con la escalada que te espera. De esa manera evitarás tropezar y caerte cuando se desaten los cordones en la pared"



Palabra de ex-escalador.
Saludos.

Raúl Peñaloza dijo...

Es curioso, yo soy exactamente lo contrario. Paso del día a la noche y viceversa de manera involuntaria. Y he aprendido a convivir con ello. Eso del equilibrio y las medianías no es lo mío. En el universo, el equilibrio general no es sino la suma de todos los desequilibrios parciales.

Y sin embargo, se mueve, diría Galileo.

Buen fin.

Alejandro (vuestro humilde narrador) dijo...

> Manel, bueno, supongo que algo se puede rescatar de tu comentaro, en definitiva estás aportando tu experiencia como ex- escalador a la metáfora de turno. Cierto, coincidimos en que en las alturas hay que ir bien asegurado y que hay que estar por lo que toca y no ir de "flipado" que son los que acaban saliendo en las noticias.

Lo que me ha gustado es eso de que las mejores vistas no están en la cima, mejor, menos riesgo, menos a que jugársela.

Bueno, lo de los pies de gatos si que lo encuentro un poco fuero de lugar, espero que le sirva a algún futuro escalador. ;)

> Raúl, podrás convivir con ello pero tienes que reconocer que eso desgasta. Así que eres un desequlibrado, miedo me das. ;)
Yo he aprendido a convivir con vosotros y es cansino, peor es aún con los hiperactivos. Con lo bien que se está, con eso que llamas medianías, cuando lo pruebes seguro que no lo dejarás!

sentimental_mood dijo...

Yo soy una inquilina incierta. Me paseo por todas las plantas pero nunca me quedo mucho. Sé cuando debo largarme, y cuando no lo sé y no puedo obligarme a abandonar esa planta, alguien lo hace por mi.

Supongo que vivir en el medio está bien, puedes mirar arriba y contemplar lo que descansa y darle un vistazo al suelo y ver qué se arrastra por ahí abajo.
Siempre puedes utilizar el ascensor, algunas veces eres un sonámbulo y puede que no te des cuenta, que te dejes arrastrar por los impulsos que trae lo nocturno.

Interesante eso del tejado. Hay momentos en los que subir a lo más alto y contemplar lo frágil y lo delicado que es el límite puede ser la mejor opción de entender en qué planta hemos estado, en cual queremos estar y la que nunca, nunca más volveremos a pisar.

Recientemente me encuentro subiendo y bajando demasiado deprisa, de la azotea al sótano.
Puede que nos encontremos en el medio, pero suelo partir demasiado pronto.

Precioso el mirador. En ése lugar, cuanto más alto, mejor.

Alejandro (vuestro humilde narrador) dijo...

No pienso decir que es lo mejor para cada uno, pero yo siempre he sido de subir, bajar, de arriba hasta abajo del todo y es por eso que estar demasiado en el sótano como un topo me ha hecho perder la vista y por eso debo llevar gafas para leer. Estar demasiado en el tejado, en las alturas, me impide ver los detalles de las personas, me interesa ese perspectiva o visión global y el aire fresco, pero prefiero ir paseando a todos los lugares, sin prisas, sin compromisos. Pero como tu dices, lo malo es que nos echen del lugar...