sábado, 16 de octubre de 2010

Cuando el principe azul te sale rana

Que desgracia, que frustración contemplar a esa criatura de aspecto reptiliano en el charco, croar, saltar, sacar la lengua y comerse un insecto y pensar ingenuamente/románticamente que de ahí puede salir un principe azul. Hay tantas especies de sapos, de ranas en el estanque que es muy fácil equivocarse. Normalmente en las pantanosas discotecas te encuentras con gran facilidad tipos babosos, de ojos saltones, que beben cerveza Budweiser y eruptan para pedirse otro trago.

Princesa, déjame decirte desde aquí que por mucho que beses a ese especímen no conseguirás nada, en mi caso muchas personas me han besado con tal de romper la maldición, amigas, parejas, familiares, algunos besos con lengua, otros sin, con caramelos, chicles, en la mejilla, en la oreja, con invocaciones malsanas, con palabras susurradas en el oído que hacen subir la temperatura, pero nada, el hechizo no se deshace, es más creo que cada vez me siento más del reino de los anfibios como si la maldición se multiplicase.

En la escuela varias encantadoras profesoras me golpearon en la cabeza con todo tipo de varitas mágicas (¿o eran reglas?) con tal de romper la maldición o enmendar mi mala actitud, pero no sirvió para nada, mi capacidad de salto es extraordinario y como mi don de absober birra como si fuese agua del pantano, mientras me como unas palomitas en el local rústico de turno, es un primor, por no decir nada del talento innato de poder emular eruptos de Coca Cola en cualquier momento sin tener que ingerir ningún tipo de bebida gaseosa. A lo mejor es que los principes azules no existen pero si ranas bondadosas, en vez de las habituales venenosas, supongo que las princesitas al juntarse con esas criaturas tambien se vuelven "rana" y los ven con otros ojos más saltones o quizás ya eran como ellos como es el caso de la princesa Fiona sólo que de noche se maquillan en exceso para no aparentarlo, pero luego de día mudan su "Rosa" de princesa por uno de verde anfibio o puede que también reptiliano si además son arpías. También hay mucha lagartija escurridiza por ahí...

Aunque en mi caso me imagino más como un Hop Frog, pero no por el físico, claro.

4 comentarios:

sentimental_mood dijo...

Estúpidos príncipes y princesas.
Nunca quise ser una de ellas o liarme con uno de ellos.
Las princesas son frígidas y estúpidas y se pasan el día peinándose los cabellos que les cuelgan de un cerebro poco productivo.
Los príncipes son lascivos y desviados, con sangre no azul, sino hijos bastardos de unos primos hermanos no tan lejanos.

Yo lo que hago es abrir mi ventana y escuchar el cántico tranquilo de las ranas, el bajar y subir de sus cuerpos fríos y sus lenguas pegajosas. No quieren ser príncipes, para serlo deberían adelgazar 5 kilos de barriga y dejar todos sus "malos" hábitos por otros supuestamente "buenos" o "saludables".

Yo me quedo en la charca, en la ciénaga.

He aprendido que el beso en un sapo o rana sólo sirve para que su sangre fía se antoje caliente.

Las madres disfrazan de princesas a sus hijas...es lamentable.

Un día recuerdo que me topé con un niño de unos 7 años que llevaba una máscara veneciana estilo La Peste, ese pajarraco de pico largo y capa negra. Ése chico si tenía una buena madre.

Príncipes y princesas...están fuera de su elemento. Ahora ya no hay duelos de honor o pedidas de mano, luchas con villanos y dragones...Ya no hay dilema rey-sirvienta embarazada...

Me pregunto qué pasaría si eso el disfraz de princesa se actualizase. Habría por las calles un desfile de niñas pequeñas a las que se confundiría con prostitutas daltónicas y con mal gusto por los zapatos.


Con tal de que nos besen poco importa decir que es para romper la maldición y convertirse en príncipe o que es para recaudar dinero para una iglesia o para apadrinar algún animal que incite simpatía.

Lo importante es besar.Besar y recaudar cuantos más estreptococos mejor.
Sí, me gusta la bacteriología. Y la boca es el lugar donde más bacterias existen. Diminutas y angelicales bacterias. Por eso nos atrae tanto el acto de besar.
Porque somos sapos y vivimos en una ciénaga. Poco nos importa un poco más de bacterias que menos. El caso es croar. Croar y besar.

Alejandro (vuestro humilde narrador) dijo...

Buenas, Sentimental_mood!

Me ha gustado mucho tu comentario, tienes todas la razón no es tan importante lo que uno sea sino disfrutar del beso y coger unos buenos estreptococos!
Y si, la ciénaga está ahí, negarlo es un error, no principes ni princesas, todo eso ha pasado a la historia aunque hay muchos que aún juegan a eso, a hacerse el Romeo, etc... A mi como mucho alguna vez me han dicho que soy un caballero por ser medianamente educado, pero está claro que no me conocían, que al tomar la coca cola de turno y croar, se rompió el hechizo y vieron la rana!!!

Sigamos croando y bebiendo Coca Cola (o en su defecto Pepsi).

Raúl Peñaloza dijo...

Somos muchos los que no pasamos de ser sapos esperando el beso adecuado. Lo malo es que ese beso a veces no existe.

Alejandro (vuestro humilde narrador) dijo...

Bueno, no pasa nada en ser sapo, mientras lo tengamos asumido, no?
Yo soy de los que cuando cojo confianza no espero el beso, sin que hago un buen salto y me lanzo hacia la presa en forma de insecto, de rana o princesa finolis! ;)