miércoles, 2 de junio de 2010

La tristeza del bufón

No es fácil hacer reír a la gente y aún menos entretenerla cada vez con nuevas historias, es preciso tener un cierto talento, sobretodo cuando siempre se hace a base de repartir simpatía con las únicas herramientas que las del estilo propio, solamente confiando una vez más en la propia inspiración y encima en un mismo escenario.

Bufónes, payasos, mimos, todos ellos consiguen despertar en los demás emociones de alegría con sus fingidas desventuras, con su cómica torpeza pero desde pequeño siempre me he preguntado, ¿le pasa lo mismo a él cuando actúa? ¿En la vida real quien le hace reír? ¿Es él quien ríe cuando lo hace a los demás o necesita de otro "payaso"?

No conozco a ningún payaso, ni mimo ni humorista de profesión, aunque si a unos cuantos vocacionales, entre los cuales me incluyo, y la verdad es que siempre me he preguntado si el precio que tienen que pagar por hacer reír a los demás es el de pagarlo con su tristeza, salvo cuando están actuando que posiblemente es el único momento en que son libres. Me pregunto si detrás de esas sonrisa que siempre tienen preparada también tienen un lado triste, que puede que incluso sea superior al de la mayoría. Quizás debido a su talento no lo muestren con facilidad;  quizás será porque saben aparentar todo lo contrario. Sabrán entretenerse y entretener a los demás pero algo me dice que sus vidas, al igual que el de la mayoría de la gente, está fuera de su alcance, que detrás de esa máscara, de ese maquillaje siempre se esconde un ser humano, alguien sensible, dotado del poder de entender a aquellos que no pueden reír y arrancarles al menos una sonrisa que quizás ellos no pueden tener de la misma manera.