martes, 18 de mayo de 2010

Todos tenemos algo que decir

Lo normal es hablar del tiempo que hace, del fútbol, del trabajo, del sexo opuesto o de lo que se vio en la Tv la noche anterior. Los más atrevidos se arriesgan criticando a los demás a sus espaldas. Todos tenemos algo que decir respecto a esos temas, ya sea de manera automática repitiendo algún discurso anterior o utilizando fragmentos de conversaciones anteriores a modo de comodín. Con todo ese arsenal de clichés es fácil empezar a improvisar mínimamente. ¿Pero que pasa cuando hay algo que decir sobre un asunto que es más que conversación y hay que pasar a la acción? Pues hay que mojarse.


Por lo general la mayoría de la gente se amolda a lo que les digan, siempre que ello no las ponga en su contra, siempre que critiques a los demás y no a ellos. La metáfora de que las personas son como ovejas para los líderes se demuestra en sus opiniones en sus balidos y para ello no hay más que poner a prueba a alguien hablándole de sus creencias, de política o de religión, no harán más que repetir lo que otros hayan dicho antes, aunque quizás esto último es más habitual en los primates como los monos.

Todos tenemos algo que decir, ¿pero vale la pena escucharlo?
Afortunadamente, un texto como éste puedes dejarlo cuando quieras o reemprenderlo más tarde, a mi me da igual esto no es para vosotros ni para mi, sino para quien le apetezca o le interese, abstenerse todo aquel que prefiera pasar un buen rato leyendo clasificaciones deportivas o los últimos titulares de las noticias.