jueves, 6 de mayo de 2010

Crítica a la crítica

Dejemos las definiciones de diccionario para la literatura, la crítica es aquel sector de personas que, por arte de magia por no decir enchufe, tienen el poder de dar su opinión ante los medios de comunicación y ésta se tiene en cuenta a modo de influencia; hasta ahí esa sería mi particular visión del asunto. Pero desafortunadamente a esos críticos se les presupone un buen gusto y conocimiento sobre sus objetos de escrutinio. Vendettas aparte y teniendo en cuenta que es verdad ese refrán que dice "sobre gustos no hay nada escrito" la crítica tendría que ser algo voluntario no trabajos de encargo, de lo contrario no se saca nada bueno salvo admiraciones forzadas.

En teoría, lo ideal sería que fuesen los veteranos, antiguos artistas o artesanos, quienes tuviesen la mejor opinión sobre la obra a valorar, aunque quizás éstos pecarían de ser excesivamente nostálgicos con lo que el abanico se reduciría por su estrechez de miras. Pero la triste realidad es que la mayoría de los críticos "modernos" no son más que licenciados en letras que no tienen ni la más remota idea de lo que dicen, seres divinos con el poder de hundir a sus víctimas para la posteridad con su ignorancia bien redactada, con su dudoso gusto del cual se les presupone criterio.

Afortunadamente creo algo en la justicia, aunque sea tardía, que los que tienen en realidad talento si siguen luchando por su arte conseguirán emerger de la basura mediática en la que tienen que ocupar su espacio. Si, esa ciénaga en la que reinan aquellos que no tienen nada que aportar, que sus intereses son el dinero y la fama, aquellos que se sustentan en el estilo para compensar la falta de creatividad.

A las malas siempre se puede confiar en ser un artista de culto y que tus nietos vivan del cuento por toda una vida de sacrificios, por mantener la coherencia hasta el último momento.

Dedicado a Abel, un crítico prototípico.